Una idea sumamente interesante: que las organizaciones sin fines de lucro provean recursos para iniciar programas sociales y los supervisen, con la aprobación del gobierno. Después de varios años, si los programas cumplen su cometido y funcionan (por ejemplo, si combaten la pobreza efectivamente o mantienen a los jóvenes en las aulas) entonces que el gobierno les reembolse el dinero que dieron incialmente y quizás hasta con un ribete. Es una forma de darle disciplina de mercado a los programas sociales. En algunos lugares ya está funcionando, como lo dice el siguiente artículo en el New York Times:
http://www.nytimes.com/2011/02/09/business/economy/09leonhardt.html
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